miércoles, 26 de agosto de 2009

Proveedores y Generalitat exigen a La Seda más garantías para su rescate.

Proveedores y Generalitat exigen a La Seda más garantías para su rescate.

Publicado el 26-08-09 , por J. Orihuel / M. Á. Patiño Barcelona / Madrid

La supervivencia de La Seda, uno de los grupos industriales más representativos de Cataluña, se complica. Las exigencias de algunos proveedores, que venían reclamando pagos al contado para dar suministros a la compañía, se van extendiendo a otros e, incluso, se han sofisticado con otras fórmulas.

A esto se suman los recelos que ha empezado a mostrar la Generalitat, que constituía hasta ahora la gran esperanza de la compañía.

Además de imponer cobros al contado por los suministros, algunos proveedores están haciendo práctica intensa de contratos como los que, en la industria, se conocen como del tipo maquila. Bajo esta modalidad, la materia prima que suministran los proveedores y el producto que se obtiene con ella nunca llegan a ser propiedad de La Seda.

Ésta recibe la materia prima del proveedor y la transforma en un producto más acabado. Cuando llega al cliente final es el proveedor quien cobra y luego liquida con La Seda por sus servicios. Fuentes del grupo esgrimen que los contratos de maquila son habituales en el sector petroquímico.

DudasLa desconfianza hacia el fabricante de plásticos PET se ha extendido a la Generalitat. La empresa no podrá contar, al menos por ahora, con los 15 millones de euros del crédito que negociaba desde hace semanas con el Institut Català de Finances (ICF), la agencia crediticia autonómica.

La Seda negocia con los proveedores un plan y un calendario de pagos "viable para ambas partes"

-->La operación debía ser aprobada ayer por el Gobierno catalán (que celebró su primera reunión tras las vacaciones bajo la presidencia de José Montilla), pero no fue así. Aunque La Seda ya trasladó al ICF su plan de reestructuración, que prevé la supresión de 300 empleos y la venta de cinco factorías, en la Generalitat la operación suscita dudas, no tanto por el ajuste que debe acometer la empresa, como por su inestabilidad accionarial y corporativo.

Desde el ICF, se considera arriesgado en estos momentos conceder un crédito a una compañía que ha reformulado sus cuentas, ha cambiado dos veces de presidente (Rafael Español fue sustituido por Joan Castells, a quien relevó poco después José Luis Morlanes) y que prepara acciones legales contra sus ex gestores. La Generalitat ha decidido esperar a que se clarifique la situación, un compás de espera en el que también influye que el ICF esté actualmente sin consejero delegado, tras la marcha de Josep Maria Ayala al ICO.

Al igual que la Generalitat, que teme por el impacto socioeconómico del hundimiento de La Seda, los proveedoresdesean su supervivencia. Prefieren que salga a flote a que entre en concurso de acreedores, lo que supondría cobrar las deudas tarde y mal, o nunca. Pero no están dispuestos a arriesgar más (parte de la deuda de 868 millones es con ellos).

Antes de volverle a dar crédito, exigen que se concrete un plan de viabilidad, en el que estarían dispuestos a colaborar. La postura oficial de La Seda es que «se está manteniendo reuniones con cada uno de los proveedores para, por una parte, cubrir las necesidades de producción y, por otra, acordar un calendario de pagos viable para ambas partes».

Efecto contagio, otro de los problemas para la compañíaTodos los que tienen alguna relación con La Seda miran ahora con lupa no sólo lo que está haciendo la compañía y las soluciones que puedan darle sus nuevos gestores. También se miran de reojo unos a otros. Así, la iniciativa que han tomado algunos proveedores de sólo facilitar los suministros bajo la condición de pagos al contado podría ser imitada por otros.

Este efecto contagio desencadenaría un agravamiento de la situación de La Seda, que, en realidad, pocos proveedores desean. Aunque la crisis del grupo químico saltó el pasado mes de junio, ahora vienen a la memoria algunas operaciones que se gestaron e, incluso, se truncaron, precisamente por las turbulencias de La Seda.

Entre ellas, la frustrada venta de Interquisa, por parte de Cepsa, a la compañía catalana. Cepsa, uno de los grandes proveedores de La Seda (que tenía y tiene deudas con la petrolera), acordó, a finales de 2007, la venta al grupo catalán de su filial Interquisa, especializada en producción de PTA, un componente químico que sirve de base para producir PET, el plástico utilizado en la fabricación de botellas de refrescos o agua.

El precio de venta acordado fue de 595 millones de euros y Cepsa recibiría a cambio acciones de La Seda, convirtiéndose así en uno de sus principales accionistas. Bajo el acuerdo, en realidad, subyacía el objetivo de que La Seda saldase su deuda con Cepsa, que formaba parte del precio. A las pocas semanas, en enero de 2008, aquel acuerdo –que se negoció durante meses con todo tipo de altibajos– se truncó debido al bajón que estaban teniendo las acciones de La Seda en bolsa.

Un salvamento accidentado1. Parte de la deuda de 868 millones de La Seda es con proveedores, que podrían colaborar en su rescate si hay un plan viable.

Los proveedores no desean que el grupo entre en concurso de acreedores, porque cobrarían tarde y mal, o nunca.

Ayer, la empresa recibió un jarro de agua fría por parte de la Generalitat, que quiere analizar más a fondo si da un crédito de 15 millones.

Proveedores y Generalitat son claves para la supervivencia de La Seda, pero exigen que el plan de reflotación sea sólido.


http://www.expansion.com/2009/08/25/empresas/industria/1251230139.html

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